(para éste
o cualquier país).
Si partimos de la premisa de que un particular o grupo de
individuos, ni pueden ni tienen la fuerza para arrodillar a un Estado
cualquiera sea este, puesto que el Estado Nación tiene la exclusividad de la represión que le da la ley vía los cuerpos
represivos y preventivos, como la policía, milicia, o agencias de inteligencia.
Partiendo de esa misma premisa, observando la actualidad en
este país y la mayoría de los países, podemos hacernos la idea de que el Estado
Nación se ha arrodillado a los pies de la delincuencia y la corrupción. Se
preguntaría alguien
¿Qué tiene que ver la corrupción con la delincuencia común y
corriente?
Oh, bastante…... Cuando un antisocial o algunos individuos,
escudados bajo unos supuestos derechos humanos matan a otros ciudadanos para
robarle un miserable celular (una vida
por un celular) o por mandato de otro (por dinero,
modalidad sicariato), que al cometer esas acciones han borrado la frontera a la
urgencia de preservar la vida propia. No se toma la muerte como la última
opción, como si ejercieran la defensa propia, sino la primera opción, van
específicamente a eliminar a alguien para conseguir lo que quieren, como si las
personas fueron procreadas por algún árbol y dio ese fruto que se puede
arrancar a voluntad, como si no hubiese familias alrededor de esa persona a las
cuales también se les ha hecho un daño, que ni con la muerte del asesino se
paga.
Ok, pero ¿dónde está la corrupción?
En una “justicia” que ha procesado a ese o esos individuos
varias veces por lo mismo o diferentes casos y salen a las calles a hacer lo
mismo por lo que ya han sido judicializados anteriormente. Porque parecer que a
quienes hay que brindarle garantías, paz y seguridad es al que delinque y no a
la gente de trabajo que paga impuestos y que son esos mismos impuestos que sostienen los gobiernos
y a las naciones, las victimas aparentemente pagan esos impuestos para
nada.
Pongo la muerte como ejemplo de las cosas que pasan con demasiada
frecuencia en la actualidad, pero también suceden robos y delitos en sus distintos
niveles y modalidades. Estas acciones pueden adquirir o no un fuerte impacto en la sociedad, dependiendo de a quien le suceda,
porque aparentemente hay ciudadanos de primera, segunda y hasta quinta
categoría, como si la muerte por sí misma no fuese una tragedia.
No es nuevo en la sociedad estos comportamientos, podemos
decir que desde que hay gente en el mundo, y quiero nuevamente – como lo hice
en un artículo anterior - referirme a una persona que con apoyo de la ley
controlaba en su cuidad los niveles de inseguridad vulgar y grosera que vivían
en su época y me gustaría que apareciera algún valiente legislador y creara un
código de seguridad en memoria de él, solicitando la creación del “Código Cincinato de Seguridad Ciudadana”.
Mucha gente anhela mano dura, a veces añoran un dictador para vergüenza de la democracia, que no
ha podido controlar en ninguna manera el desenfreno de los bajos instintos y
los peores deseos de la sociedad contra sí misma.
El congreso puede, con el favor del pueblo buscar mecanismo
de emergencia que habiliten cierto esquema de garantías que reduzcan o eliminen
la recurrencia de muchos delincuentes que parecen desafiar a la sociedad con la
libertad con la que hacen las cosas.